Donde la tierra se rompe en espectaculares acantilados y la mar demuestra su fuerza rugiendo poderosa, me encuentro con unas solitarias torres que brillan con luz propia.
Seguramente el faro más reconocido sea la Torre de Hércules, junto con otros faros destacados como Estaca de Bares, Punta Nariga, Cabo Vilán y Fisterra.
Esta ruta moto turística llena de mística y romanticismo da comienzo en la ría del Eo, frontera entre Asturias y Galicia y finaliza en Finis Terrae, el cabo del fin del mundo.

Me encuentro en Ribadeo y el primer faro de la ruta es el de Illa Pancha, ubicado en un islote separado de la costa por un canal estrecho y un puente de hierro, destacando su silueta sobre el mar Cantábrico.

Recorro la Mariña lucense, caracterizada por una sucesión de playas vírgenes, imponentes acantilados y apacibles rías que albergan pintorescos pueblos marineros.

Aquí se encuentra el monumento natural que es la Playa de las Catedrales, una obra de arte de la naturaleza de obligada visita en marea baja.
Cruzo la ría de Foz para dirigirme al faro de Punta Roncadoira, que debe su nombre al ronco rugido del mar cuando choca con los abruptos acantilados.


Llego a la ría de Viveiro, un refugio tranquilo rodeado de montes con bosques de pinos y eucaliptos, donde descansan barcas de colores al pausado ritmo de la marea.

La ruta continúa por la ría de O Barqueiro, precioso pueblo marinero con sus casas blancas con tejados de colores reflejados sobre el agua.

Hemos llegado a la Costa Ártabra, reserva de la biosfera, para dejarme llevar por la magia de la Galicia ancestral y con múltiples rincones donde me encuentro vestigios de la cultura celta.


Situado en el punto más septentrional de la península ibérica, el faro de Estaca de Bares representa mucho más que unas coordenadas en el mapa; es el lugar de encuentro entre el Atlántico y el Cantábrico, en un paisaje de abruptos acantilados y bosques de helechos y eucaliptos.


Próximo al faro se encuentran los restos de la base estadounidense creada durante la Guerra Fría; operativa desde los años 60, la base se enfocaba en vigilancia marítima y monitoreo de señales, tras tres décadas de actividad y rumores sobre tecnología secreta, la base se cerró en 1991.

En Loiba, al borde de los acantilados se encuentra un sencillo banco de madera, sin lujos ni adornos, conocido como “el banco más bonito del mundo”, cuyo gran tesoro es el espectáculo que ofrece al sentarse frente a uno de los paisajes más impresionantes de Galicia, la entrada de la ría de Ortigueira.

Bordeo la ría de Ortigueira en busca de unos mis faros preferidos, el de Cabo Ortegal, donde la visión desde la serpenteante carretera que nos lleva hasta el faro es espectacular.

Con Os Aguillóns a la vista, tres peñascos afilados que desafían la bravura de los dos mares; estamos en el lugar dónde se unen el océano Atlántico y el mar Cantábrico (este reconocimiento se lo disputa con Estaca de Bares)

El propio faro con su silueta rojiblanca y el gran espacio disponible en su plataforma lo convierte en un lugar idóneo para la contemplar el bravío mar y depende de la época del año, con valientes mariscadores en busca de los percebes más sabrosos de Galicia que se fijan a los acantilados.

En la propia Costa Ártabra se encuentra la Serra da Capelada, la zona más salvaje del litoral gallego; donde entre la niebla casi perenne se encuentran los acantilados de Vixía Herbeira, los más altos de la Europa continental con sus 600 metros sobre el nivel del mar; los cuales podemos vislumbrar, si la bruma nos lo permite desde los diferentes miradores existentes.

Y escondido entre los acantilados encontramos el santuario de San Andrés de Teixidó, uno de los lugares más misteriosos y místicos de toda Galicia y objeto de peregrinación desde el siglo XII.

Mas adelante, desde el Monte Purrido inicio un impresionante descenso, marcado una sucesión de horquillas por una estrecha carretera entre brezos y helechos, que me conduce hasta el faro de Punta Candieira; donde encuentrar la soledad y la profundidad de la costa Ártabra.

Es el lugar perfecto para detenerse y disfrutar del ritmo de las olas del mar chocando con los islotes cercarnos.

Sigo hasta la villa marinera de Cedeira y su Castillo de la Concepción, que desde mediados del siglo XVIII constituye una fortaleza que custodia la entrada de la ría, siendo un punto estratégico tanto para la defensa como para contemplar la belleza de sus playas y el entorno de la ría de Cedeira.

En busca del siguiente faro llego a Valdoviño, con la famosa playa de A Frouxeira que atrae tanto a amantes del surf como a quienes buscan pasear entre las dunas y la laguna.

Al final de la extensa playa está el faro de Punta Frouxeida; a mi modo de ver no es un faro bonito desde el punto de vista arquitectónico, pero desde luego el entorno en el que se encuentra hace que su visita sea muy aconsejable.


Avanzo por la gran ría de Ferrol y sus múltiples ensenadas, en busca del siguiente destino, la ría de Betanzos, una ría con un encanto especial donde darme un respiro motociclista y navegar por sus aguas tranquilas rodeado de verdes paisajes; como dice un buen amigo…estamos en Galifornia.



Inicio temprano la ruta del nuevo día por la parte oriental de ría da Coruña para visitar los Faros de Mera (son dos), mientras que al otro lado de la ría asoma entre la bruma la silueta de la increíble Torre de Hércules.


Se trata del faro romano en funcionamiento más antiguo del mundo, Patrimonio de la Humanidad, que se encuentra custodiado por el rey celta fundador de Galicia, Breogán.


Construida en el siglo I por los romanos, su estructura original fue restaurada en el siglo XVIII, alcanzando los casi 57 metros de altura actuales; imprescindible su visita tanto por su entorno exterior como en su interior donde podemos ver sus orígenes romanos.
A continuación, me dirijo a la Costa da Morte que se extiende a lo largo de más de 200 kilómetros de litoral abrupto, desde Malpica hasta Finisterre.

Famosa por su belleza salvaje y por la gran cantidad de naufragios que han ocurrido durante siglos debido a sus corrientes, arrecifes y temporales; es por ello por lo que sus faros son custodios de la costa e imprescindibles guías para la navegación.


El Faro de Punta Nariga, con forma de proa de un gran navío de piedra, es el faro más singular desde un punto de vista arquitectónico, integrándose perfectamente con las rocas graníticas que le rodean; preparémonos para subir tramos de escalera que nos permitan alcanzar las plataformas elevadas del faro y poder disfrutar del agreste entorno.

Continua la ruta hacia la marinera localidad de Laxe y entre sus estrechas callejuelas junto al puerto pesquero, encontraremos el camino que nos lleva al faro de Laxe que, si bien se nos aparece como un sencillo faro, se encuentra en una muy bella ubicación.

Existen junto al faro unos merenderos de piedra realmente curiosos, que me han recordado en sus formas a las famosas gerias canarias, donde se plantan las vides al resguardo del viento en la isla de Lanzarote.

Sigo por la costa hasta otro de mis lugares favoritos: Cabo Villano. El faro de Cabo Vilán y su alta torre de granito desafiante fue el primer faro electrificado de España y acoge el Museo de los Naufragios.


Estoy en uno de los tramos más peligrosos y legendarios del litoral gallego con más de 150 hundimientos contabilizados.

Rodeo la ría de Camariñas para dirigirme a otro lugar muy especial, la Punta da Barca, donde se encuentra el Santuario da Virxe da Barca y el faro de Muxia.

Lugar de peregrinación y encuentro, con sus formaciones rocosas la Pedra de Abalar y la Pedra dos Cadrís moldeadas por la fuerza de las olas y que la tradición vincula con milagros y curaciones.

La adoración a la Virgen refleja la profunda devoción marinera de la zona; la iglesia se integra en un paisaje sobrecogedor: el azul del Atlántico, las rocas modeladas por el viento y el horizonte que se pierde en días de bruma.
La penúltima parada de la ruta es en el Cabo Touriñán, que compite con Fisterra como punto más occidental de la España peninsular.

El faro vigila la costa desde lo alto de los acantilados sirviendo de guía para los marineros y es testigo durante dos periodos al año de los últimos rayos de sol de Europa continental.
Y llego al punto final de esta ruta de los faros gallegos, Finisterre, que muy seguramente sea el faro más visitado de Europa.

Sobre los acantilados del monte O Facho, el legendario faro de Fisterra se erige como el faro del fin del mundo, pues los romanos pensaban que este era el punto más occidental de la tierra; era el límite de las tierras conocidas, era el fin del mundo, era el «finis terrae»

Además, el Faro de Fisterra, situado en el mítico cabo, es punto final del Camino de Santiago para quienes deciden continuar más allá de Compostela, hasta el fin de la tierra y se ha convertido en lugar de obligada para todo aquel peregrino que hizo ya la Ruta Xacobea.

Y el gran atractivo del Cabo Fisterra sin duda es disfrutar de la puesta de sol sobre la inmensidad del océano, el mar del fin del mundo.

El significado de un faro es una torre costera con una luz que guía a los barcos, marcando peligros, señalando la entrada a puertos y ayudando a la navegación en la oscuridad o en la niebla; pero un faro es mucho más, desde un punto de vista espiritual, simboliza guía e iluminación y también se asocia con la autorrealización, el crecimiento personal y la paz interior.

Esta ruta moto turística en solitario me ha proporcionado una gran paz interior recorriendo los faros gallegos, encontrando una gran armonía entre las sensaciones que me transmite la Triumph Bonneville a ritmo ‘slowly drive’ y todos y cada uno de los bellísimos lugares y personas que he conocido, proporcionándome una gran sensación de enriquecimiento personal.
La realización de esta ruta moto turística en solitario por los faros gallegos ha resultado ser una experiencia muy placentera, mucho más de lo que en principio pensaba, permitiéndome descubrir paisajes excepcionales y poder conversar con diferentes personas y su típica retranca gallega.


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