Hasta hace un siglo, los 70 kilómetros que separan Granada del mar Mediterráneo se realizaban en diligencia, empleando hasta 17 horas por la tortuosa Carretera de la Cabra (A-4050); es la carretera del tiempo y una de las rutas más pintorescas de Andalucía.
Su comienzo se sitúa en el puerto del Suspiro del Moro, lugar en el que cuenta la leyenda que el sultán Boabdil escuchó de su madre la famosa frase «llora como mujer lo que no pudiste defender como hombre» tras entregar el reino nazarí de Granada a los Reyes Católicos, allá por 1492.
La primera decena de kilómetros discurre por la llanura esteparia del valle de Lecrín, por grandes rectas entre terrenos de cultivo de olivos y almendros, dejando a nuestra espalda las cumbres de Sierra Nevada.

Tras los espacios áridos, los siguientes kilómetros ya son por una carretera estrecha donde el paisaje se torna más salvaje entre encinas y pinares, dando entrada al parque natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama.


Llegamos al Collado de los Poyos del Pescado, llamado así por ser el paso por donde los arrieros llevaban el pescado desde la costa a la ciudad de Granada, siendo a partir de este collado donde comienza el territorio más tortuoso y singular.

Esta vieja carretera es perfecta para nuestro colectivo motorista, donde disfrutar de su serpenteante y empinado trazado, por el que nos deleitamos de un verdadero viaje en el tiempo

Estamos en otro mundo, hemos entrado en el territorio de la especie más emblemática de nuestras serranías de la península ibérica, la cabra montés, que da nombre a esta fabulosa carretera.

El zigzagueante recorrido tiene tramos casi literalmente labrados en la roca, como su característico túnel; se trata de un trazado estrecho e irregular, con zonas con grava y rocas sueltas, pareciendo por momentos estar suspendido en el vacío y solo protegidos por los antiguos quitamiedos de piedra; exige estar concentrados en la conducción de nuestras motocicletas y no dejar que el abrumador paisaje nos abstraiga.



Descenso enérgico durante decenas de kilómetros, con un desnivel cercano a los 1.400 metros por el macizo montañoso del Parque Natural de Las Sierras Tejeda, Almijara y Alhama, encontrándonos con profundos barrancos, escabrosos roquedos, afiladas crestas y empinadas laderas.


Entre curvas y contracurvas llegamos a la zona del mirador de la Cabra, antes una estación de gasolina y hoy deslucida por el abandono, se trata del lugar perfecto para detenernos y disfrutar de las vistas con el valle del rio Verde a nuestros pies y apreciar como las cumbres del parque natural presentan una quebrada línea tan sinuosa como la propia carretera.



Iniciamos nuestro descenso y nos vamos encontrando con una considerable mejora del estado del asfalto; espléndidas vistas sobre el Mediterráneo se vislumbran en el horizonte y su brisa hace cambiar el ecosistema, pasando del escarpado bosque mediterráneo a la frondosidad del valle del río Verde.


La entrada a Otívar marca la vuelta a la civilización y las plantaciones de chirimoyos, aguacates y nísperos nos indican que la Costa Tropical ya está más cerca.
Atravesamos por su base el gigantesco viaducto de la autovía A-7 que metafóricamente nos traslada al presente y entramos a la animada y concurrida Almuñécar.


Situada en plena Costa Tropical, Almuñécar es una ciudad cargada de historia y testigo de la presencia de fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes y finalmente cristianos.



Destacan al borde del mar los Peñones de San Cristóbal, monumento natural formado por el Peñón de Fuera, el más alejado de la costa, el Peñón de En Medio y el Peñón del Santo, que separa la playa de Puerta del Mar de la playa de San Cristóbal.



El del Santo es el mayor de todos, con una altura aproximada de 30 metros, donde se encuentra ubicada una enorme cruz y cuenta con un mirador donde disfrutar de unas maravillosas vistas del Mediterráneo, de la ciudad y de la sierra aledaña.


A sus pies tenemos la imponente estatua de Abderramán I, pues aquí desembarcó en el año 755 como príncipe omeya y en poco tiempo fundó el emirato independiente de Córdoba, sin duda un personaje capital de la historia de Al-Ándalus.

Recorrer la carretera de la Cabra es ralentizar los sentidos, dejarse llevar por la observación del paisaje, descubrir parajes extraordinarios y donde disfrutar de nuestras motocicletas en una ruta a través del tiempo.


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